lunes, 17 de octubre de 2022

Detras de la Inocencia

¿A qué se asocia la felicidad de un niño?

 El niño no posee EGO, se encuentra en el Paraíso, del cual, jamás volverá. Esta es la razón.

Gracias a ello no tiene conflictos de intereses, vergüenza, pena, competencia, desamor y todos aquellos sentimientos que surgen por arte de magia, cuando se es consciente de la existencia misma. Allí surge.

Se inicia la etapa de sufrimiento, no hay forma de regresar a un período anterior. Es cómo una herida física, cicatrizará, pero cada vez que la mires, recordarás el episodio y el dolor sentido.

Mientras más culto, inteligente, preparado y viejo, más afianzado estará.

El prodigio es a su vez el ancla. Lo desagradable no desaparece. Guardas y guardas en el laberinto del inconsciente, allí encuentras tus desagrados, humillaciones, reveses… gracias a esa increíble capacidad del órgano sobre tu cuello, que te dona una de sus extraordinarias capacidades, “la memoria”. 

La vida se desdobla entre lo que deseas ser y lo que en realidad es. Las dos caras, la del selfie y la que nadie ve.

Por una parte, la reglas, los condicionamientos, las enseñanzas, los preceptos, la religión y mil etcéteras. Por otro lado, el instinto animal. Sí, animal, porque eso somos. Con ropa, zapatos, perfume, pero al igual que ellos, nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. Pero en el camino, dejamos un reguero de caca. Hasta la Reina más sublime o el Hombre más poderoso, pasan gran parte de su vida en el trono, liberando sus residuos metabólicos.

La lucha interna es continua. La verdad, incómoda. La búsqueda, interminable. Nos cubrimos de joyas, vehículos, edificaciones, sofisticación, nos embelese observar el horizonte desde grandes torres… Sin embargo, los gorriones frente a la ventana nos recuerdan nuestras limitaciones. Sin artilugios, son libres, despreocupados y vencen las leyes universales sólo con la sofisticación inconmensurable de su “inferioridad”, dada por algo que sólo conocemos en su superficie. Nos recuerda que somos parte de un todo, ni mejor ni peor.

No existe en la franqueza de la divinidad, arriba o abajo, inferior o superior. Sólo al entenderlo a cabalidad logramos parte de esa ansiada libertad.

Los animales viven, fluyen, si matan es por hambre, no por odio, venganza o rencor. No se sientan a reflexionar por el acto. No se arrepienten, sin culpas.

Estarás entre los barrotes del conocimiento, limitado por la gran capacidad de entender tu realidad.

¡Qué tristeza!, una vida de lucha agotadora por la supervivencia. A menos que trasciendas a otro plano. 

Así que, la única etapa en la que fuimos verdaderamente libres, no la recordamos.

¡Qué ironía…!

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